Carlos Jhony Castillo Jimbo de 48 años de edad , regresó después de 30 años a su natal Guaranda , el sueño americano de convertirle en próspero millonario se había cumplido en la Yoni ; pero el extrañaba los panas del barrió y los chupes con Pájaro Azul cuando estudiaba en el Colegio Fiscal de la ciudad.
Sobre todo quería demostrarle a a la Martita Chávez que le había dado muchas veces el NO a sus declaraciones de amor, su capacidad para hacer plata y y según él haber logrado el éxito. Él suponía que le había rechazado por el apellido medio longo, Jimbo.
Regresaba con mucho dinero y el pensaba que debía ser fácil conseguir la franquicia para instalar un Mc Donald´s en esta ciudad al pie del Chimborazo; después de todo el había aprendido que con los gringos “todo se arregla con plata”.
Los acercamientos que el había hecho en Estados Unidos le indicaron que era difícil conseguir ese propósito . Le indicaron en Chicago, la casa matriz de la empresa, después de algunas visitas infructuosas que había realizado que debía ponerse en contacto con el dueño del Banco Bolivariano en Guayaquil , y franquiciatario para el Ecuador de Mc Donald´s para que en conjunto presenten un proyecto y con el prestigio del señor Salazar había una pequeña esperanza que la autorización llegue.
Viajó a Guayaquil y se vistió con su mejor terno, un HUGO BOSS, que había comprado en oferta en una de las tiendas en el bajo Manhattan. El señor Salazar le recibió y le dio un rotundo no a su idea.
Carlos Jhony no se iba a dejar vencer fácilmente, le envió una botella de Jhony Azul al señor Salazar y le rogó que reconsiderara el tema. El señor Salazar le dio una nueva cita. Esta vez le explicó en forma detallada los parámetros que la corporación exigía para autorizar la apertura de un nuevo local, aún así Carlos Jhony insistía que la Mc Donald´s no perdía nada y el señor Salazar tampoco.
Para librarse de este Guarandeño terco, Salazar le invitó a viajar a Caracas , la sede de América Latina de la corporación para que funcionarios le explicaran lo difícil que era otorgar la autorización. Carlos Jhony insistía en sus argumentos y después de 4 meses de presión al banquero finalmente decidieron autorizar el sueño loco de este señor.
El sitio escogido fue cerca a la Plaza central de la ciudad en un terreno de 800 metros que un pana del Carlos Jhony había heredado hace pocos meses.
La notica se había regado en la ciudad , los pocos chagras que conocían Estados Unidos estaban orgullosos que sea Guaranda la escogida y no las ciudades vecinas de Ambato o Riobamba.
Todas la autoridades de la ciudad asistieron a la colocación de la primera piedra y con la Banda Municipal se desarrolló la fiesta en donde en forma previa el gobernador resaltó el espíritu combativo de los guarandeños para lograr los sueños de los ecuatorianos, en especial de los guarandeños. Previa la chuma general el “Si se puede” se escuchó en forma repetitiva.
El Carlos Jhony se había asegurado que la Martita asista a la inauguración. Ella se había casado con un oficial de la policía que cuando estuvo con el pase en Guaranda le había conocido y le había conquistado. Pero este “chapa “no le había resultado un buen marido, de capitán en otro de sus pases en la ciudad de Chone le había cogido la sal prieta y hasta ahí no mas. Este hecho le puso a nuestro empresario a soñar como en su juventud.
A las tres meses el local estaba inaugurándose. Esta vez, a más de las autoridades de la ciudad, fueron invitados todos los hijos ilustres. Los doctores abogados que eran profesores de la Universidad Central, los médicos que se estaban haciendo millonarios en Quito. El general Jarrín de la FAE, llamado cariñosamente el Chagra, ofreció traer a otros generales de la Policía y el Ejército .Por iniciativa de la Federación Deportiva, iba a venir el Jefferson Perez pero a última hora falló. En fin, en perfecto orden estaban desde las ex reinas de la ciudad, hasta los abanderados de los Colegios. El alcalde decretó por tan ilustre ocasión vacaciona para los jóvenes. No podía faltar que la Estrellita del Carnaval último le dedicara una linda pieza musical al Jhony.
Toda la prensa escrita y hablada hizo que el gerente de la Coca Cola de Ambato regale vasos de ese maravilloso liquido en el evento.
Solo dos profesores del MPD protestaban con ajos y carajos por la presencia de este restaurante en la ciudad. Gritaban y decían pronto van a haber obesos, nuestros sequitos de gallina van a ser reemplazados por esa comida yanqui chatarra.
Doña Maria Durango matrona de la ciudad que se había hecho rica con las Fritadas Maria e Hijas veía con preocupación como ese nuevo sitio le iba a quitar clientela.
Los profesores de primaria se alistaban en sus horas de clase de Lugar Natal a visitar con sus alumnos esta comida de la cultura americana. Habían pedido una cuota que incluía la comida para ellos también.
Las radios se habían disputado el presupuesto de la empresa para hacer mensajes en vivos y por supuesto iban a cubrir el evento con entrevistas largas al Jhony.
Uno de los abuelos no más había carajeado a sus hijos para que no les lleven a los guaguas, que a la vez eran sus nietos, a esa pendejada de sánduches de carne y que por eso vayan a perder el gusto a la sopa de quinua.
En los colegios de curas y monjas la noticia había sido recibido muy bien. Ya se estaban organizando las tardes de los viernes los programas para enamorar a las chiquillas. Los de sexto curso ya pedían prestado los carros de los papás para elegantemente impresionar a las señoritas de alcurnia.
Los proveedores de papas y lechuga se habían cabreado al enterarse que todo iba a venir de Quito y algunas cosas de Caracas. “Gringos de mierda!”, dijeron cuando se les comunicó la noticia.
Después de dos meses todas las buenas costumbres de la ciudad cambiaron. Algunos padres jóvenes llevaban a sus jóvenes esposas a a comer los domingos en el restaurante. Por este motivo ya no almorzaban con sus padres y abuelos como había sido la costumbre de toda la vida.
El Carlos Jhony se había juntado al estilo Yony con la Martita, despertando la admiración de toda la urbe. Sólo una cosa era cierto. Nunca más Guaranda iba a ser la misma.
Néstor Jaramillo
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